Cripto: la tecnología para delincuentes, ¿no?

Cómo la industria financiera se equivocó al catalogar las criptomonedas como herramienta criminal, ignorando que la blockchain es el peor aliado del delincuente.

Cuando comencé mi carrera en banca internacional en 2012, la palabra “Bitcoin” provocaba reacciones inmediatas en cualquier comité de cumplimiento: riesgo elevado, lavado de dinero, actividad ilícita. Los bancos cerraban cuentas al primer indicio de actividad cripto y los reguladores emitían alertas constantes.

Esa narrativa no era infundada, pero la industria cometió un error fundamental al aferrarse a ella sin examinar una propiedad técnica crítica: la blockchain deja un registro permanente, público e inmutable de cada transacción realizada.

El mito del anonimato

Como expliqué en mi artículo anterior para esta revista, “Trazabilidad: ¿Bondad o defecto de la tecnología blockchain?”, los movimientos cypherpunk dieron origen a las criptomonedas buscando un sistema financiero libre de intermediarios. Lo que no anticiparon fue que esa misma tecnología terminaría siendo una de las herramientas forenses más potentes jamás creadas.

Bitcoin no es anónimo; es pseudónimo. La diferencia es crítica. Cada transacción queda grabada en un libro contable público. Las direcciones no llevan nombre, pero cada movimiento deja una huella digital permanente que conecta origen con destino. Es como si cada billete de efectivo tuviera un GPS que registrara cada mano por la que pasa, para siempre.

Comparemos esto con la banca tradicional. Cuando un organismo policial necesita rastrear una transferencia sospechosa, debe emitir citaciones legales, esperar meses por respuestas y repetir el proceso en cada institución involucrada. Si el dinero cruzó fronteras, el proceso puede tomar años. Con blockchain, un investigador capacitado puede trazar el recorrido completo en minutos, desde cualquier computadora, sin pedir permiso a nadie.

Una ventana que se cerró rápido

Entre 2009 y 2015, actores del dark web aprovecharon la velocidad, la ausencia de intermediarios y el pseudonimato de las criptomonedas para sus negocios. Silk Road, lanzada en 2011, fue un ejemplo emblemático pero fue clausurada en 2013 por organismos policiales que combinaron técnicas tradicionales con análisis de blockchain. Años después, firmas especializadas rastrearon más de 50.000 bitcoins robados de la plataforma (valorados en más de tres mil millones de dólares) hasta un computador escondido dentro de una lata de palomitas de maíz en el clóset de un baño del hacker. La blockchain no olvidó la transacción original, casi una década después.

💬 «Años después, firmas especializadas rastrearon más de 50.000 bitcoins robados… La blockchain no olvidó la transacción original, casi una década después.»

AlphaBay, con más de 200.000 usuarios y transacciones superiores a mil millones de dólares, fue desmantelado en 2017 tras una operación multinacional en la que el rastreo cripto reveló la identidad del fundador. Hydra, el mercado más grande por volumen, con más de cinco mil millones procesados, fue incautado en 2022 gracias al rastreo de billeteras. Cuando AlphaBay se relanzó en 2021, abandonó bitcoin por completo y migró a Monero, una criptomoneda diseñada para dificultar el rastreo. Fue una admisión tácita de que usar cualquier blockchain pública para actividades ilícitas era una sentencia forense.

“Preferimos pagar en cripto”

Quizás nada ilustra mejor el cambio de paradigma que una conversación que tuve con un detective de organismos policiales en Estados Unidos. Le pregunté sobre su experiencia investigando casos con criptomonedas, esperando quejas sobre la complejidad tecnológica. Su respuesta me sorprendió:

💬 «En operaciones encubiertas preferimos pagar en cripto. Nos ahorra muchísimo tiempo el no tener que enviar citaciones al banco para poder rastrear a dónde va el dinero y podemos hacerlo en tiempo real, cosa que nunca antes habíamos podido hacer.»

Detective de organismos policiales, EE. UU., quien prefirió no ser nombrado.

La blockchain no protege al criminal, lo expone. Y lo expone de forma permanente: cada transacción queda registrada en un libro contable que no se puede alterar, borrar ni censurar. Un investigador puede regresar años después, aplicar nuevas técnicas analíticas y descubrir conexiones que antes eran invisibles. Eso no existe en el mundo del efectivo ni en la banca tradicional.

Los números no mienten

Si las criptomonedas fueran la herramienta ideal para el crimen, esperaríamos que un porcentaje significativo de la actividad en blockchain fuese ilícita. Según firmas líderes en análisis de blockchain, la actividad ilícita representa menos del 1 % del volumen total de transacciones.

Los montos absolutos son significativos (miles de millones de dólares) pero, en proporción al ecosistema, el crimen es una fracción mínima. Además, donde antes dominaba el narcotráfico de darknet, hoy la categoría más grande es la actividad de entidades sancionadas y Estados que usan cripto para evadir restricciones financieras internacionales.

Las stablecoins, criptomonedas que mantienen su valor estable en moneda fuerte, representan ahora más del 80 % del volumen de transacciones ilícitas, porque los criminales buscan estabilidad de valor, pero las principales stablecoins tienen algo que Bitcoin no tiene: la capacidad del emisor de congelar fondos unilateralmente. Cuando eso ocurre, los fondos dejan de existir funcionalmente, sin importar cuántas capas de ofuscación se hayan construido.

¿La tecnología ideal para los delincuentes?

La ironía del rechazo inicial de la banca es profunda. Durante años, la industria trató los activos digitales como un riesgo existencial, ignorando que las propiedades que le preocupaban venían empaquetadas con total transparencia y rastreabilidad permanente. Las estructuras offshore, los vehículos de propósito especial y las cadenas de remesas del lavado tradicional explotan la opacidad bancaria. La blockchain elimina esas barreras.

💬 «Durante años, la industria trató los activos digitales como un riesgo existencial, ignorando que las propiedades que le preocupaban venían empaquetadas con total transparencia…»

Entonces, ¿son las criptomonedas la tecnología ideal para los delincuentes? La respuesta, después de más de una década de evidencia, es no. Las criptomonedas sobre blockchains públicas son, paradójicamente, una de las peores herramientas que un criminal puede elegir. Ofrecen velocidad y accesibilidad, pero a un costo alto: un registro permanente, público e inmutable de cada centavo movido. El efectivo sigue siendo el rey del crimen financiero. No deja rastro digital, no se puede rastrear desde una computadora y no tiene un libro contable público.

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