Computación cuántica: ¿riesgo real o FUD injustificado para Bitcoin?

La computación cuántica dejó de ser un tema exclusivo de laboratorios y se ha convertido en una amenaza real para Bitcoin. En cuestión de meses, gigantes tecnológicos como Google, firmas de inversión como BlackRock y centros académicos de primer nivel han publicado investigaciones que reducen drásticamente las estimaciones sobre la llegada del Q-Day, fecha en que el hardware cuántico podría comprometer a las criptomonedas.

El ecosistema reacciona, debate y también, como suele ocurrir, amplifica. Esta es la historia completa.

¿De qué riesgo se habla exactamente?

Bitcoin se sostiene sobre dos pilares criptográficos que, en un futuro, podrían verse amenazados por la computación cuántica.

El primero es SHA-256, el algoritmo que ayuda a proteger la integridad de los bloques dentro de la red de Bitcoin. El segundo es ECDSA (el Algoritmo de Firma Digital de Curva Elíptica), que permite demostrar que eres el dueño de una dirección y, por lo tanto, de los BTC asociados a tu wallet.

En teoría, un ordenador cuántico lo suficientemente potente podría ejecutar el llamado algoritmo de Shor para obtener una clave privada a partir de una clave pública. Si eso llegara a ocurrir, cualquier dirección cuya clave pública ya sea visible en la red quedaría expuesta.

Según datos de Project Eleven, esto podría afectar a más del 34 % del suministro total de BTC, ya que esas monedas estarían asociadas a direcciones cuya clave pública ya puede ser observada en el registro histórico de transacciones del protocolo.

Los estudios que acortan la llegada del Q-Day

En 2019, Craig Gidney, ingeniero de Google Quantum AI, y el investigador Martin Ekerå habían estimado que romper la criptografía RSA de 2048 bits (uno de los cifrados más usados en Internet) requeriría una computadora cuántica con unos 20 millones de cúbits físicos operando durante ocho horas.

En un nuevo trabajo, Gidney calculó, en 2025, que ese mismo cifrado podría romperse en menos de una semana con menos de un millón de cúbits físicos (el equivalente cuántico de un bit tradicional), gracias a técnicas de desencriptación más eficientes, como la aritmética de residuos aproximada y códigos de superficie optimizados. El salto es de veinte veces menos hardware cuántico para resolver, teóricamente, una clave RSA 2048.

Meses después, en marzo de 2026, un equipo de Caltech y la startup Oratomic publicaron un estudio aún más disruptivo. Firmado, entre otros, por John Preskill, uno de los nombres más reconocidos en computación cuántica a nivel mundial, el paper concluyó que bastarían apenas 10.000 cúbits atómicos para ejecutar el algoritmo de Shor a una escala criptográficamente relevante. La reducción frente a estimaciones anteriores era de unas 100 veces.

Ambos trabajos son análisis teóricos, no experimentos. Ninguna máquina existente hoy puede ejecutar lo que describen. Pero la tendencia es clara: el costo computacional de un ataque cuántico a Bitcoin está cayendo más rápido de lo que se proyectaba.

💬 «El costo computacional de un ataque cuántico a Bitcoin está cayendo más rápido de lo que se proyectaba.»

También empiezan a aparecer experimentos que apuntan en esa dirección. Un ejemplo ocurrió en China, a mediados de 2025, cuando un grupo de científicos aseguró haber roto una clave RSA de 22 bits. Aunque se trata de una clave extremadamente pequeña y sin relevancia práctica para la seguridad moderna, el experimento muestra cómo la investigación cuántica sigue avanzando.

Qué dicen los expertos del riesgo cuántico

No todos en el ecosistema leen estos estudios con la misma urgencia. Adam Back, criptógrafo y cofundador de Blockstream, es uno de los referentes más claros de la postura prudente. En una entrevista con Bloomberg en abril de 2026, Back describió las computadoras cuánticas actuales como demasiado básicas para representar un riesgo real y señaló que la operación más compleja que pueden ejecutar hoy es factorizar el número 21. Según él, el ecosistema tiene aproximadamente una década para preparar una migración ordenada. No es la primera vez que lo dice: en diciembre de 2024 ya había situado el llamado «Q-Day» entre una y dos décadas de distancia.

En esa misma línea, el desarrollador de Bitcoin Core Mark «Murch» Erhardt cuestionó la urgencia con la que algunos presentan el Q-Day. Su postura no niega que Bitcoin deba prepararse para una eventual amenaza cuántica; más bien, critica la falta de rigor técnico en ciertos argumentos alarmistas. Para Murch, investigar soluciones postcuánticas es necesario, pero eso no significa asumir que el riesgo sea inmediato ni que el debate deba acelerarse sin evidencia más sólida.

Frente a estas voces, hay quienes estiman plazos más cortos. Charles Edwards, CEO de Capriole, cree que Bitcoin debería estar blindado antes de 2028. Vitalik Buterin, cofundador de Ethereum, estimó que la amenaza a la criptografía ECDSA podría materializarse ese mismo año. Cloudflare, por su parte, fijó 2029 como objetivo para alcanzar una protección postcuántica integral en su infraestructura.

El Q-Day es una posibilidad real y, sobre eso, casi no hay debate. La verdadera controversia está en cuándo podría ocurrir y cuánto tiempo tiene el ecosistema para prepararse.

Las propuestas para proteger Bitcoin

Mientras el debate se extiende, la comunidad de desarrolladores no está parada. En febrero de 2026 fue incorporada formalmente al repositorio oficial de Bitcoin la BIP-360, hecho reportado en su momento por CriptoNoticias. Se trata de una propuesta técnica elaborada por los investigadores Hunter Beast, Ethan Heilman e Isabel Foxen Duke. La iniciativa define un nuevo tipo de dirección, denominada Pay-to-Merkle-Root (P2MR), que utiliza el prefijo «bc1z» y oculta la clave pública incluso al momento de realizar un pago. Esto neutraliza la estrategia de «cosechar ahora, descifrar después», que consiste en recolectar hoy las claves públicas visibles en la red para intentar romperlas cuando la tecnología cuántica lo permita. La BIP-360 es un borrador en fase de revisión técnica; su publicación no implica activación ni consenso. Se desconoce, por ahora, cuándo podría ser implementada.

Encabezado Propuesta de Mejora de Bitcoin 360. Fuente: https://bip360.org/

Dos meses después, en abril de 2026, llegó la BIP-361. Los autores de esta propuesta, encabezada por el cypherpunk Jameson Lopp, estiman que una computadora cuántica con capacidad real de ataque podría llegar entre 2027 y 2030. Esta propuesta va un paso más allá de la BIP-360 y plantea un soft fork, que sería una actualización de la red, en tres fases para forzar la migración de todos los fondos en Bitcoin hacia direcciones postcuánticas antes de una fecha límite. El debate ya no se limita a advertir sobre el riesgo: también está avanzando hacia mecanismos técnicos concretos para adaptar Bitcoin.

Encabezado Propuesta de Mejora de Bitcoin 361. Fuente: https://www.bip361.org/

En la primera fase, solo se podrían enviar fondos a direcciones resistentes a la cuántica. En la segunda, las firmas ECDSA y Schnorr (los estándares actuales) quedarían invalidadas para siempre. Los fondos que no hubieran migrado, incluidos los aproximadamente 1,1 millones de BTC atribuidos a Satoshi Nakamoto, quedarían inaccesibles de forma permanente. La propuesta también está en estado de borrador y requiere consenso amplio antes de avanzar.

En paralelo, también empiezan a surgir propuestas más específicas para que Bitcoin pueda verificar firmas postcuánticas dentro de su propio lenguaje de programación. Un ejemplo es OP_CHECKSHRINCS, un nuevo op_code presentado por Jonas Nick, investigador de Blockstream, que permitiría validar firmas generadas con los esquemas SHRINCS y SHRIMPS. La propuesta todavía no resuelve todos los desafíos (especialmente el aumento en el tamaño de las firmas y la posible reducción de capacidad por bloque), pero muestra que el debate ya no se limita a advertir sobre el riesgo: también está avanzando hacia mecanismos técnicos concretos para adaptar Bitcoin a un escenario postcuántico.

El FUD cuántico y quiénes lo aprovechan

El debate sobre la computación cuántica y Bitcoin tiene una dimensión que pocas veces se nombra con claridad: parte del pánico está siendo alimentado de forma deliberada. El desarrollador Greg Maxwell lo señaló directamente en el foro Hacker News, argumentando que algunos actores con intereses comerciales están amplificando el miedo para capitalizar la incertidumbre. No es un fenómeno nuevo en el ecosistema, pero sí uno especialmente apto para este tipo de narrativas: la computación cuántica es real, los avances son verificables, pero las distancias reales entre el laboratorio y una amenaza operativa son lo suficientemente largas como para que el alarmismo pueda operar cómodamente.

El propio Adam Back lo resumió: las malas noticias venden. Un paper que habla de 10.000 cúbits y el fin de la criptografía de Bitcoin genera titulares. Un equipo de 20 ingenieros trabajando en esquemas de firma postcuántica no. Esa asimetría mediática es el caldo de cultivo donde el FUD prospera.

Esto no significa que la amenaza sea ficticia. Los estudios de Google y Caltech son trabajo científico riguroso, publicado por instituciones y revisado por pares. La dirección que señalan es real: el hardware necesario para un ataque cuántico se está abaratando más rápido de lo esperado. Pero entre esa tendencia y la afirmación de que Bitcoin está a punto de colapsar existe una distancia enorme, que algunos actores (fondos, proyectos alternativos y medios sensacionalistas) tienen incentivos para ignorar.

El ecosistema de Bitcoin tiene tiempo, tiene propuestas técnicas en desarrollo y tiene personas que entienden profundamente el problema. Lo que no tiene, todavía, es consenso sobre cómo y cuándo actuar. Esa incertidumbre es legítima. El miedo manufacturado a partir de ella no lo es.

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