Bitcoin, ¿disidencia, propósito o maximalismo?

Una de las cosas que más dificulta la comprensión del Bitcoin es la falta de conocimiento sobre sus antecedentes. Comprender de dónde proviene es tan importante como comprender cómo funciona.

Bitcoin es la consecuencia de muchos intentos previos del movimiento cypherpunk, que no solo buscaba proteger la privacidad individual mediante el uso de la criptografía para resistir la vigilancia y el control estatal o corporativo en la era digital, sino que además pretendía hacerlo de una manera que fuera resistente a la censura y sin necesidad de intermediarios.

Con esto en mente, surgió una corriente ideológica que afirma que Bitcoin no es una “criptomoneda más”, es la única, y todo esfuerzo o interés por desarrollar algo diferente no es otra cosa más que una pérdida de tiempo, esfuerzo y recursos. Ante esta postura, Vitalik Buterin acuñó el término “maximalismo bitcoiner”, en un intento de describir, con cierto tono despectivo, a quienes sostienen que solo Bitcoin es relevante. On Bitcoin Maximalism, and Currency and Platform Network Effects

Pero más allá de la intención crítica, nada más lejos de la realidad, o al menos esa es mi interpretación de las cosas. Porque si entendemos los antecedentes de Bitcoin, lo que se busca conseguir con su creación, veremos que esa posición es una consecuencia necesaria de los principios que dieron origen a Bitcoin.

Bitcoin como herramienta de desobediencia pacífica

Bitcoin no nació en Silicon Valley ni de las grandes empresas o capitales. Sus raíces se encuentran en el manifiesto cypherpunk, en el deseo de construir tecnologías que devuelvan la privacidad y el control a los individuos.


Satoshi Nakamoto dejó pistas claras de este propósito:

  • En su mensaje en el bloque génesis denunció el sistema bancario fiat.
  • En sus mensajes defendía una arquitectura en la que la confianza fuese reemplazada por reglas matemáticas inviolables.
  • Su diseño se centró en la escasez absoluta, la descentralización radical y la inmutabilidad.

Pero tal vez el concepto más pervertido de todos los que Satoshi propuso sea el de la descentralización. Aquí es donde reside gran parte de la filosofía de Bitcoin. La descentralización significa garantizar que nadie pueda tener el control.
En este contexto, Bitcoin se convierte en más que un software: es una respuesta política y tecnológica al monopolio del dinero por parte del Estado y sus aliados financieros.

Desde esta perspectiva, el maximalismo no es fanatismo, sino coherencia estratégica, cuyas ideas centrales —y que respaldan la decisión de alguien en alinearse con el maximalismo— creo que son:

El dinero es un juego de suma cero

Si parte de los objetivos es proporcionar algo nuevo que pueda servir como un nuevo estándar monetario, ese bien debe ser único, escaso y neutral. Tener miles de tokens compitiendo destruye esa unidad y entorpece la adopción de un patrón sólido.

 Como se puede interpretar de las obras de Saifedean Ammous:

El dinero tiende a la convergencia. No hay 100 patrones oro. Solo uno.”

Bitcoin es la única red verdaderamente descentralizada

A diferencia de la mayoría de las altcoins, que tienen equipos, fundadores, preminados o gobernanza centralizada, Bitcoin no tiene líderes, no depende de empresas ni de fundaciones.

Es por esto que ningún otro proyecto ha igualado el nivel de descentralización ni de resistencia a la captura estatal o privada que tiene Bitcoin.

Bitcoin no es Bitcoin porque no se pueda copiar, replicar o modificar, sino porque ha alcanzado un nivel de tal magnitud que lo hace único. Es lo que es gracias a las propiedades emergentes de la red, que, cuando alcanza cierto nivel, hace que atacarla sea extremadamente complicado.

El ruido distrae del objetivo

Tener un mundo con miles de tokens o “monedas”, muchas de ellas promovidas como “mejor que Bitcoin”, hace que el mensaje de soberanía individual se diluya.

La gente pierde tiempo y dinero en promesas vacías o modas especulativas. El maximalismo afirma que eso no es innovación, es distracción.

No obstante, entiendo que se critiquen estas posturas, algunas de ellas pudiendo ser válidas y honestas.


Es cierto que Bitcoin, por su conservadurismo y su énfasis en la estabilidad, no es el mejor entorno para experimentar con nuevas ideas.


Proyectos de otra índole pueden servir como laboratorio de experimentación, y eso puede dar lugar a propuestas que eventualmente se apliquen en Bitcoin. Sin embargo, a menudo se abusa del discurso de “mejor que Bitcoin”. Lo más honesto sería explicar qué se busca mejorar, cómo y qué riesgos implica. Si eso se hiciera con transparencia, estoy convencido de que una gran parte de esos proyectos no podría, de manera honesta, justificar que efectivamente mejoran a Bitcoin.

Desde una lógica de libre mercado, se argumenta que si Bitcoin es superior, sobrevivirá y absorberá valor con el tiempo. Por tanto, permitir la existencia de altcoins es una forma de validar su ventaja comparativa.


Pero nuevamente estamos distrayendo los objetivos: este invento —o mejor dicho, este descubrimiento— llamado Bitcoin no está aquí para competir con otras altcoins. Está aquí para dotar a los individuos de una herramienta para que puedan ser soberanos y, por primera vez en la historia de la humanidad, tener posesión total e inconfiscable de un activo.

No se trata de ser fanático, se trata de no perder de vista la intención detrás de Bitcoin. El maximalismo bitcoiner no es una moda, creo que es más bien una respuesta coherente a la visión fundacional de Bitcoin como alternativa soberana y resistente al dinero estatal.


En ese sentido, es comprensible y necesario que muchos veamos con recelo un ecosistema mal llamado “cripto”, que con frecuencia prioriza la especulación, la centralización y el ruido sobre los principios.

Ser maximalista no es cerrarse al futuro, es comprometerse con una visión radicalmente libre del presente.


Por eso, cada vez que alguien llame a otra persona “maximalista”, debe entender que, más que un trato despectivo, le está reforzando un mensaje:

“Has entendido el propósito de Bitcoin y vas muy bien encaminado.”

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