Con tan solo 13 años de edad, Andrews Veloz cumplió un sueño: alzó un trofeo tras ganar una competencia nacional como capitán de un equipo de 22 personas. Cualquiera pensaría que se trata de un joven atleta, pero él no se dedica a correr, sino a ensamblar y programar robots. Andrews, al igual que sus compañeros que triunfaron en la Copa Ka’i, son algunos de los casos de éxito de la academia Codepeques, una institución que ha capacitado a más de 5.000 jóvenes con habilidades y conocimientos tecnológicos.
Esta es su historia.
Como ocurre con las mejores ideas, las experiencias personales definieron el inicio de Codepeques. Su fundador, Carlos Aguilera, se acercó por primera vez al mundo de la enseñanza enseñando a programar a jóvenes de bajos recursos en Carabobo, como parte de sus actividades de servicio comunitario en su licenciatura en Computación.
Carlos notó que los niños absorbían los conocimientos con una velocidad impresionante y eran capaces de encontrar soluciones creativas a problemas complejos, un aprendizaje que se tradujo en una semilla que terminaría germinando en 2018, en una pequeña librería, donde, ahora como licenciado en Computación, Carlos empezó a impartir clases de programación para jóvenes.
Los años siguientes fueron difíciles, pero el proyecto resistió embates como el apagón nacional y la cuarentena por COVID-19. Siete años después de ese inicio, se consolida como una academia insignia en educación tecnológica, con más de 150 estudiantes inscritos, una sede física con cinco salones de clases, programas formativos de distintas modalidades y una oferta interdisciplinaria que incluye capacitación en robótica, electrónica, diseño, inteligencia artificial, modelado 3D, programación y emprendimiento tecnológico.
“Hemos crecido mucho y trabajamos en la misión de formar niños tecnólogos con conocimientos prácticos, que no sean solo usuarios, sino que pasen a ser creadores de tecnología”, explicó el CEO de la academia.
Las formaciones ofrecidas por Codepeques están avaladas por el Ministerio de Educación y están amparadas por una alianza con la Universidad Tecnológica del Centro (Unitec) desde 2019. Con este respaldo, la academia se ha centrado en desarrollar un programa formativo con foco en habilidades prácticas compatibles con las necesidades actuales del mercado laboral.
De acuerdo con Carlos, la finalidad de la academia es ofrecer a los jóvenes una alternativa educativa en paralelo a la academia tradicional, que les permita obtener habilidades y acumular experiencia a tempranas edades, en aras de facilitar el ingreso al mercado laboral.
“Las universidades a nivel mundial están perdiendo bastante matrícula porque hay una generación que no quiere esperar cinco años a graduarse antes de empezar a facturar. De ahí nace esta iniciativa. No queremos reemplazar a la universidad, sino crear la posibilidad de que un chamo pueda llegar a una universidad con un conocimiento previo o que una empresa los contrate de una vez”, afirmó.
Los proyectos en los que trabajan implican la elaboración progresiva de un currículum vitae. Tal y como resalta el informático: «Nuestra empresa está destinada a crear un mejor futuro para estos chamos que, indistintamente de que vayan o no a la universidad, puedan construir un CV desde niños».
La experiencia Copa Ka’i
Un ejemplo idóneo de experiencias de valor adquiridas a raíz de la academia es la Copa Ka’i, una competencia de robótica celebrada en Zulia, en la que los participantes miden no solo conocimientos técnicos como programación y electrónica, sino que además deben poner a prueba habilidades blandas como trabajo en equipo, resolución de conflictos, resiliencia o pensamiento crítico.
La participación en este torneo era una de las principales ambiciones de Codepeques para posicionarse como una de las grandes academias tecnológicas del país, así que encendieron los motores tan pronto como surgió la oportunidad y prepararon una fase de clasificación interna, a través de la cual fueron seleccionados ocho jóvenes, entre ellos Andrews Veloz, quien asumió las riendas del equipo como capitán.
Con una solvencia y claridad impresionantes para un joven de 13 años, Andrews describió cada etapa de la competencia y la distribución de los roles en su equipo para abordar todas las aristas del reto, entre las cuales destacan el ensamblaje, la programación y el diseño del robot, la elaboración de un portafolio de ingeniería y el manejo de redes sociales.
El equipo Codepeques participó con un robot autónomo llamado Casupo. Fue construido desde cero, lo que implicaba un reto de ingeniería. ¿Cuántos motores necesitaba y de qué tipo? ¿Qué herramientas instalarían para cumplir con los desafíos de la competencia? ¿Cómo se trasladaría? ¿Qué estrategia emplear para programarlo de forma eficiente? Contestar estas preguntas implicó un análisis interdisciplinario que pondría a prueba todos los conocimientos adquiridos en los programas formativos de la academia.
“Codepeques me ha brindado herramientas muy importantes que me ayudaron a forjar estas habilidades para la competencia. Estas habilidades, aprendidas desde hace dos años y medio, no solo me sirvieron para la competencia, sino también para mi crecimiento personal”, relató el joven.
Este conocimiento fue esencial para ganar la competencia. El equipo afrontó diversas dificultades, pero a través de la resiliencia y el trabajo colaborativo con el equipo de otro colegio con el que hubo sinergia, lograron afrontar los escollos.
“Hemos desarrollado habilidades tan básicas como lo es resolver. En la academia tenemos una frase: un buen Codepeque resuelve”, destacó.
Codepeques construye futuro

La victoria en la competencia posiciona a Codepeques como una de las academias tecnológicas más destacadas del país, además de impulsar temprano las carreras de los ocho jóvenes que participaron, pues ahora tendrán la oportunidad de escalar a competencias internacionales y seguir acumulando experiencia en proyectos robóticos, lo que podría ser esencial para sus futuras profesiones.
Andrews contó que Codepeques despertó su pasión y le ha orientado hacia el camino profesional que tomará en el futuro, cuando afronte sus estudios universitarios.
“Cuando entré en Codepeques se despertó mi interés en carreras que combinan todo este conocimiento, como la ingeniería en sistemas e ingeniería en electrónica, en robótica y en mecatrónica, que combina las disciplinas para crear soluciones robóticas”, resaltó.
Esta guía es parte de la visión de la academia, que espera aportar su grano de arena en la construcción del futuro del país desde la tecnología, un recurso fundamental para que Venezuela crezca.
Así lo razona Álvaro De Abreu, profesor de robótica de la academia, pues opina que los niños deben sumergirse en el mundo de las nuevas tecnologías para que estén preparados para afrontar los retos del mañana, con una industria cada vez más sofisticada y automatizada.
“El presente y futuro se encuentra cada vez más automatizado. Existen muchos trabajos que se siguen y seguirán reemplazando con la tecnología. Para el desarrollo de la sociedad es necesario que los niños desde cortas edades estén inmersos en este nuevo contexto tecnológico”, concluyó.
Entrenar un equipo ganador de la Copa Ka’i fue apenas un primer paso en la ambiciosa senda que espera recorrer Codepeques. Su meta apunta al crecimiento, a abrir más sedes en el país y la región, a impactar más vidas y a construir futuro desde la educación tecnológica.
“Nuestro proyecto apunta a una plataforma híbrida donde podamos tener sedes en varios países de Latinoamérica. Además de estudiar y formarse, queremos que los chamos puedan conocer a otras personas que hablen su mismo idioma, compartir experiencia y crear equipo”, aseguró Carlos Aguilera.