Soy Liliana Zamacona, mexicana, entrenadora financiera desde hace 13 años, asesora patrimonial, y hace 3 años y medio recibí el diagnóstico de estar dentro del espectro autista y de trastorno de déficit de atención.
Si llegaste hasta aquí, probablemente algo resonó contigo. Tal vez tú también lo eres o tienes esa sospecha que no te deja tranquilo.
En este artículo quiero platicarte sobre algo que he descubierto: la correlación que existe entre tus finanzas y tu neurodivergencia.
No sé si te pasó a ti, pero para mí, entender por qué actuaba como actuaba en muchos aspectos de mi vida fue absolutamente liberador.
Los primeros dos años después del diagnóstico los dediqué a adaptarme, conocerme y compartir con las personas cercanas a mí —familiares, amigos, incluso clientes— este descubrimiento. No por chismosa o excesivamente comunicativa, sino para explicar ciertos comportamientos míos.
El último año me he dedicado a algo fascinante: comprender cómo actuamos con el manejo del dinero desde la neurodivergencia.
Como esto es un resumen, te voy a compartir 4 cosas importantes que aprendí sobre mí y mis finanzas:
1. El diálogo interno cruel: cuando eres tu peor enemigo financiero
He sido muy dura conmigo misma. Fui excesivamente severa cuando se trataba de reprochar mis errores.
Mi diálogo interno llegaba a ser incluso cruel.
¿Por qué pasa esto? A menudo desarrollamos un diálogo interno crítico debido a la disfunción ejecutiva, la disregulación emocional y una alta sensibilidad al rechazo.
Esto, junto con entornos poco adaptados, fomenta la autocrítica por «errores» que no son fallas de carácter.
2. No es intuición, es dopamina (y ahí está el problema)
La verdad es que tengo bastante regulada mi emoción por gastar, pero mis clientes no tanto.
El ciclo es este: ven algo que les emociona, sienten tanta emoción que creen que es la intuición o algún ente cósmico que les dice “cómpralo”, pero no. Es el desequilibrio que tenemos con la dopamina lo que te hace gastar compulsivamente. Y esto genera culpa, ansiedad, más gastos…pero el tema de la culpa en los neurodivergentes es algo bastante trascendental, eso lo dejo para otra ocasión.
3. Por qué las decisiones financieras me abruman (y probablemente a ti también)
¿No te pasa que te da pavor equivocarte con los números? ¿Te da pánico tener noticias de tu contador?
¿Tiemblas de solo pensar que tienes que revisar tus estados de cuenta para ordenar tus finanzas?
No es una regla universal, pero la mayoría de los neurodivergentes que conozco tienen algo relacionado con el dinero que los abruma.
La explicación científica (y te prometo que la voy a hacer simple):
las funciones ejecutivas están controladas por la corteza prefrontal, que en cerebros neurodivergentes es menos eficiente.
Por eso, planificar, organizar y manejar detalles financieros nos requiere muchísimo más esfuerzo mental.
Este sobreesfuerzo provoca esa sensación de abrumación y fatiga que tanto conocemos. ¿Te suena familiar?
4. Mi hiperfoco: cuando tu “obsesión” se vuelve tu superpoder
Desde los 4 años hablo de dinero. Me encantaba contarlo, lavarlo (sí, lavarlo literal), plancharlo y volverlo a guardar en mi cartera.
Descubrí que si vendía cosas tenía más billetes, así que a mis 6-7 años ya vendía cosméticos de catálogo.
(Por allá de los 12 años en adelante se comenzaron a fraguar mis heridas financieras, y esa comunión que tenía con el dinero se perdió. Apenas la estoy recuperando).
Cuando mi psiquiatra me explicó sobre el hiperfoco y me preguntó cuál era el mío, la respuesta fue obvia: hablar de dinero.
Puedo hablar de la importancia de planear un retiro digno, de inversiones, de finanzas humanistas, ¡de todo!
Qué afortunada me sentí al comprender que mi hiperfoco lo había convertido en un negocio.
Y uno que me ha dado tanto: buena vida, buenos ingresos, experiencias increíbles y la posibilidad de ayudar a miles de personas.
Ahora acompaño a otros a potencializar su hiperfoco.
Datos sobre el hiperfoco: el cerebro neurodivergente habitualmente tiene niveles bajos de dopamina en tareas rutinarias,
pero cuando una actividad “engancha”, logra entrar en una zona de rendimiento máximo (lo que llaman flujo o flow).
Si tienes la sospecha de que seas neurodivergente, acude a un profesional de la salud especializado en este rubro.
Puede ser que creas que neurodivergencia y sea algún post trauma no atendido.
Somos más de los que crees.