Mercados financieros construidos para el desarrollo

El acceso a los servicios financieros constituye un factor decisivo para impulsar el desarrollo económico y el bienestar de la sociedad. Por un lado, estos servicios acercan a las familias a los instrumentos de ahorro y crédito; y, en lo que se refiere a las empresas, el acceso al crédito resulta fundamental para financiar el capital de trabajo, su operación a corto plazo y la inversión para su crecimiento a largo plazo.

Hoy, más que nunca, la arquitectura y democratización de los mercados financieros, a través de canales accesibles, descentralizados, sencillos e inclusivos hacia los servicios financieros, canalizará e impulsará la acumulación de capital físico y humano, así como el bienestar de los hogares y la productividad de las empresas, incluso con mayoría accionaria del Estado.

No obstante, hoy el desarrollo de estos mercados aún no está a la altura de lo que las economías requieren, demandan, necesitan y esperan.

Es importante destacar, aterrizando en la realidad actual de Venezuela, tal y como ocurrió en el resto de las economías emergentes, que en los últimos años los mercados de capitales-valores en América Latina registraron y registran importantes avances que contribuyen a completar y mejorar la eficiencia de los mercados financieros, dado el apetito hacia América Latina y los mercados emergentes. Naturalmente, esto aumentó las posibilidades de financiamiento. Sin embargo, a pesar de los avances en el desarrollo de estas fuentes de financiamiento (Acciones-Renta Variable-y Bonos-Renta Fija/Deuda-), el número de empresas que construyen valor y se benefician de ello sigue siendo bajo, y está compuesto fundamentalmente por empresas de mayor tamaño y altos niveles de capital.

«A pesar de las opciones de renta variable y fija, el beneficio sigue concentrado en corporaciones de gran escala»

En estos momentos, donde vivimos un entorno frágil, ansioso, no lineal e incomprensible, resulta clave analizar, internalizar y aplicar que, para que las economías puedan desarrollarse, necesitan indiscutiblemente construir mercados financieros; en este caso más específico, mercados de capitales-valores.

Venezuela, actualmente, dentro del marco regulatorio en materia de mercado de valores, vigente desde el 30 de diciembre de 2025, incluyó a las pequeñas y medianas empresas (PYMES), las cuales componen el 90% del sector económicamente activo y, en innumerables países, son fuentes de motorización de la economía «productiva». Esto implica y motiva, por lo tanto, un potente sistema de captación, administración, canalización e inversión de recursos financieros, lo cual, a su vez, se transforma en un mecanismo para regular la inflación y disminuir la presión sobre la demanda de divisas. ¿Por qué?, sencillo: se trata de que la economía brinde incentivos para que los fondos y recursos financieros se queden dentro del país, construyendo valor y generando un círculo virtuoso.

«La inclusión de las PYMES motiva un sistema de inversión que ayuda a regular la inflación y moderar la demanda de divisas»

Más que necesario, apasionante resulta contextualizar el ¿para qué? y el ¿por qué? de la necesidad de contar con mercados financieros y mercados de capitales-valores; entendiendo que estos incentivan, colaboran y operan desde lo más pequeño (finanzas personales) hasta grandes proyectos de desarrollo para grandes empresas, mediante el acceso al crédito a corto y mediano plazo.

Entonces, las circunstancias, necesidades, potenciales y realidades, no solo venezolanas en 2026 sino también latinoamericanas, están dadas, sin duda alguna, para que comencemos ya a desarrollar un modelo económico sostenible y sustentable, donde uno de sus pilares principales sea construir mercados financieros accesibles, descentralizados, sencillos y democráticos.

Como siempre, dejo una reflexión:

Seamos abiertos de mente y cambiemos nuestras opiniones, dado que una visión de una idea, sin la capacidad de ejecución, es únicamente una alucinación.

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