Un análisis sobre la brecha de inversión en IA, el riesgo del colonialismo de datos y la desconexión de la nueva economía de los datos
Hoy estamos construyendo una ciudad, pero las herramientas, los planos y hasta los ladrillos pertenecen a una empresa a miles de kilómetros. Cada vez que quieres abrir una puerta, debes pagar renta. Esta es la realidad de Latinoamérica en la carrera de la Inteligencia Artificial (IA).

Mientras el mundo invirtió USD 190.000 millones en IA en 2022, nuestra región apenas captó el 1,28% (ILIA, 2025). No estamos compitiendo; estamos alquilando el progreso.
El valor real de un negocio, o de una nación, reside en sus activos estratégicos. Hoy, el activo más valioso del mundo son sus datos, pero en la región los estamos entregando como «materia prima bruta» para ser procesados por infraestructuras externas. La investigación de la Revista del CLAD (2024) advierte sobre un «colonialismo de datos» que refuerza la dependencia tecnológica y epistémica. Sin soberanía de datos, las políticas públicas se vuelven «dependientes» y competitivamente mal adaptadas a nuestras realidades sociales.
Para ganar en este tablero, debemos dejar de usar las reglas de otros. Si no poseemos la infraestructura física de las potencias, nuestra ventaja competitiva debe ser el software y el código. Estas herramientas permiten democratizar el acceso y adaptar la IA a problemas estructurales propios sin el costo de licencias prohibitivas. La IA en educación, por ejemplo, no debe ser una «caja negra«, sino una herramienta para la formación ciudadana consciente (Revista Eduweb, 2023).
El caso de Venezuela es el ejemplo más crítico de esta asimetría. El país atraviesa un proceso de «desaprendizaje tecnológico» debido a una asfixia presupuestaria, estimada en 95%, y el éxodo del 13% de sus investigadores (Cervilla et al., 2022). Sin embargo, aquí surge un activo inesperado: la diáspora organizada. Grupos como CEVALE2VE demuestran que el talento venezolano en el exterior, conectado digitalmente, es el motor más viable para la reconstrucción del sistema científico nacional. El conocimiento no se perdió; se deslocalizó.
«El futuro de LATAM no puede depender de una suscripción mensual»

La conclusión es clara: la IA en la región no es un lujo, sino una herramienta de optimización crítica. El éxito dependerá de dos factores: la colaboración regional (ningún país puede ir solo) y, en nuestro caso, Venezuela, de la capacidad de reincorporar simbólicamente a nuestra diáspora científica. Debemos pasar de ser consumidores de algoritmos a ser arquitectos de nuestra propia soberanía digital. El futuro de LATAM no puede depender de una suscripción mensual.