La posibilidad de integrar criptoactivos en las operaciones corporativas de Venezuela, especialmente las stablecoins, plantea una doble necesidad para las empresas: incorporar correctamente estas transacciones en sus registros y, a la vez, desarrollar una visión estratégica para la administración y control de estos nuevos activos digitales. Exploremos en este artículo los elementos clave para abordar una planificación integral en este tema.
Es importante comprender el panorama actual de los criptoactivos, cuyo auge ha impulsado la proliferación de distintos tipos como los NFT, tokens de utilidad, security tokens, criptomonedas y stablecoins. Entre los más populares y utilizados tanto por usuarios como por empresas destacan Bitcoin, Ethereum, XRP y USDT (Tether).
Sin embargo, a pesar de que criptoactivos como el Bitcoin y Ethereum son los más cotizados del mercado, en los últimos cinco años se ha observado un crecimiento exponencial en las stablecoins, que son aquellos tokens criptográficos diseñados para mantener un valor estable vinculado a monedas fiat como el dólar estadounidense.
Chainalysis, empresa líder en análisis de blockchain y datos cripto, ha posicionado a Latinoamérica como la quinta región con mayor volumen de criptomonedas recibidas al cierre de junio de 2024, y la segunda región con mayor crecimiento para la misma fecha, liderada por países como Argentina, Brasil, México y Venezuela en el cuarto lugar.
Venezuela, en los últimos años, ha tenido un crecimiento en el uso corporativo de criptoactivos, convirtiéndose los mismos en una herramienta operativa, transaccional y de financiamiento. Para 2025, este fenómeno ha dado un paso más allá: distintas empresas han comenzado a participar en adjudicaciones y contrataciones estructuradas en USDT (Tether), una stablecoin referenciada al dólar estadounidense, así como el pago de beneficios laborales y otras transacciones utilizando este token.
El incremento de estas transacciones con criptomonedas (activos digitales) a nivel corporativo genera la necesidad de planificación interna para la adecuada gestión contable, fiscal, financiera y operativa, para el adecuado registro y control en el uso de criptoactivos.
Contablemente, la Federación de Colegios de Contadores Públicos emitió en febrero de 2020 el Boletín de Aplicación VEN-NIF N.º 12 (BA VEN-NIF 12), como una guía para determinar la contabilización de transacciones con criptomonedas dentro del marco contable VEN-NIF₁, el cual establece que los criptoactivos deben ser clasificados en una línea separada dentro de los estados financieros, de naturaleza corriente o no corriente según la intención de uso de la entidad. Aclara que los activos digitales no deben ser clasificados como efectivo o instrumentos financieros, ni deben ser ajustados por inflación.
El BA VEN-NIF 12 determina que la medición inicial debe realizarse al costo de adquisición, y que para cada fecha de reporte deberá actualizarse a su valor razonable determinado en un mercado activo, reconociendo cualquier ganancia en otros resultados integrales y las pérdidas en el estado de resultados luego de disminuir cualquier ganancia previamente acumulada. Una de las particularidades de este boletín es que, de no existir un mercado activo para el tipo de criptoactivo, se debe llevar a valor cero (0).
De igual forma, el BA VEN-NIF 12 establece los requerimientos mínimos de revelaciones que deben incluirse en los estados financieros:
- Los tipos de criptoactivos que controla.
- La intención de uso relativa a cada grupo de criptoactivos.
- La fuente de información base para la medición reconocida.
- Una conciliación de los cambios en el importe en libros de los criptoactivos entre el comienzo y el final del periodo corriente.
Esta normativa local va alineada con el marco contable internacional (Normas Internacionales de Información Financiera), aunque simplificando algunas particularidades operativas del entorno local.
Contrastando la normativa local con las NIIF₂, las principales diferencias están relacionadas con:
- Medición posterior obligatoria al valor razonable: el BA VEN-NIF 12 impone el uso de valor razonable con Nivel 1 o 2, mientras que las NIIF permiten mantener el modelo al costo menos deterioro si no hay mercado activo (NIC₃ 38).
- Prohibición del uso de técnicas de Nivel 3 (valoraciones no observables): el BA VEN-NIF 12 excluye expresamente el uso de datos no observables. La NIIF 13 permite usar Nivel 3 si no hay otra alternativa razonable.
- Reconocimiento de ganancia en ORI₄: el BA VEN-NIF 12 pide reconocer en ORI las ganancias por reconocimiento del valor razonable hasta su realización. Bajo NIIF, el reconocimiento depende del modelo elegido.
- Tratamiento como categoría contable nueva: crea una partida propia para los criptoactivos, separada de las existentes como intangible o inventario, mientras que las NIIF los clasifican dentro de normas existentes como NIC 38 o NIC 2.
Adicional al apropiado reconocimiento contable de las transacciones con criptomonedas, las entidades deben ir de la mano con la planificación financiera integral y el fortalecimiento de los controles internos sobre criptoactivos, factores que no deben dejarse a la improvisación y que requieren el involucramiento de la alta gerencia para evaluar de forma integral los siguientes factores:
- Liquidez monetaria.
- Custodia segura.
- Valoración.
- Gestión tributaria.
- Implementación de controles.
¹ VEN-NIF: Normas de Información Financiera Venezolanas
² NIIF: Normas Internacionales de Información Financiera
³ NIC: Normas Internacionales de Contabilidad
⁴ ORI: Otros Resultados Integrales
Los criptoactivos se han consolidado en la actualidad como una alternativa transaccional en el mercado global. El incremento de su volumen transaccional en Venezuela crea la necesidad, para las distintas empresas, de formalizar las políticas contables y de planificación financiera de forma estructurada para alcanzar el mayor nivel de eficiencia y control sobre estas operaciones. Sin embargo, más allá de lo operativo, los verdaderos ganadores en este mercado serán quienes logren integrar estos activos con visión estratégica, involucramiento de los más altos directivos y preparación institucional.